El Señor ha hecho cosas grandes...
A lo largo de los 150 años que estamos conmemorando, hemos vivido situaciones en las que humanamente se podía pensar que no teníamos futuro. Sin embargo, salimos adelante en todas ellas. Más aún, de muchas de ellas emergimos con más fuerza y entusiasmo. Y es que Dios siempre ha actuado en nuestra vida y nos ha ido conduciendo para realizar la misión según sus planes y no según nuestros proyectos.Todos sabemos que a lo largo de la historia de la Vida Consagrada han existido momentos muy difíciles. Muchos de ellos se vivieron como consecuencias de enfrentamientos sociales y bélicos; otros iban dirigidos directamente contra los religiosos: las desamortizaciones de los bienes de las Congregaciones y la expulsión de los religiosos han sido acontecimientos relativamente frecuentes a lo largo de la historia. Nuestra Congregación, en sus 150 años de vida, y en especial las Provincias de Europa, han sufrido en carne propia estas situaciones. Recordemos brevemente algunas:
* Conocemos el difícil inicio de nuestra Congregación y los largos años en los que el P. Fundador y el P. Piperon vivieron prácticamente solos. Fue para ellos una prueba dura el ver cómo pasaba el tiempo y la Congregación no crecía.
* A los 26 años de su existencia, cuando con mucho esfuerzo y a través de diversas vicisitudes se había alcanzado el número de 59 miembros, se vivió la expulsión de los religiosos de Francia y la desamortización de sus bienes (1880). Sabemos lo que esto significó para nuestra joven Congregación. Fue un momento traumático, pero también fue la oportunidad de nuestra extensión y crecimiento. Al final de la vida del P. Chevalier una nueva expulsión impidió que nuestro Fundador pasase en paz sus últimos días (1907) y, expulsado, murió en una casa ajena donde le habían hospedado.
* Conocemos el difícil inicio de nuestra Congregación y los largos años en los que el P. Fundador y el P. Piperon vivieron prácticamente solos. Fue para ellos una prueba dura el ver cómo pasaba el tiempo y la Congregación no crecía.
* A los 26 años de su existencia, cuando con mucho esfuerzo y a través de diversas vicisitudes se había alcanzado el número de 59 miembros, se vivió la expulsión de los religiosos de Francia y la desamortización de sus bienes (1880). Sabemos lo que esto significó para nuestra joven Congregación. Fue un momento traumático, pero también fue la oportunidad de nuestra extensión y crecimiento. Al final de la vida del P. Chevalier una nueva expulsión impidió que nuestro Fundador pasase en paz sus últimos días (1907) y, expulsado, murió en una casa ajena donde le habían hospedado.


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